¿Vosotros con qué asociáis el buen tiempo? Es una pregunta bastante relativa, ¿verdad? Para algunas personas puede representar la mejor etapa del año, sin embargo, otras la viven casi como una pequeña tortura.
Por lo general, el verano se asocia con una época de disfrute: vacaciones laborales, escapadas, reuniones sociales y familiares, más horas de luz y calorcito, a veces incluso extremo. Parece el momento perfecto para desconectar y disfrutar.
Sin embargo, no todo el mundo puede vivir esta etapa de esa manera. No todas las personas tienen la oportunidad de viajar, descansar o disfrutar del tiempo libre, y eso también forma parte de la realidad.
Además, ¿no os parece que el verano también se caracteriza por ser una época en la que afloran muchas inseguridades? El calor se relaciona con el uso de menos ropa, lo que hace que nuestros cuerpos sean más visibles de cara a los demás que durante el invierno. Por supuesto, habrá personas que no cuenten con esas inseguridades, pero, siendo sinceros, casi todo el mundo tiene algo de sí mismo que le gustaría cambiar.
Actualmente vivimos en una sociedad en la que el ideal de belleza está bastante lejos de la realidad. Estamos continuamente expuestos a redes sociales donde se muestran físicos prácticamente inalcanzables y estilos de vida que muchas veces terminamos utilizando como ejemplo a seguir. Sin darnos cuenta, acabamos comparándonos constantemente con imágenes filtradas, cuerpos normativos y vidas aparentemente perfectas.
Pero debemos ser realistas. No todas las personas pueden permitirse económicamente operaciones estéticas, tratamientos, tiempo diario para seguir una alimentación estricta o entrenamientos constantes como los que se muestran en redes sociales. Y, aun pudiendo hacerlo, eso no debería definir el valor de nadie.
Con este artículo quiero dar visibilidad a la realidad de nuestras vidas y al valor que tiene alejarnos de esos estándares impuestos. A lo largo de nuestra vida habrá momentos en los que nos percibamos mejor o peor, pero incluso en esas etapas debemos aprender a respetarnos y tratarnos con más cariño.
Al final, se trata de cuidar y querer un cuerpo que nos permite vivir, independientemente de si encaja más o menos en los cánones de belleza actuales. Yo pienso: ¿por qué una chica que acaba de ser mamá debería sentirse mal por no tener el cuerpo “ideal” o por conservar algo de barriga? Estamos olvidando todo lo que ese cuerpo ha sido capaz de hacer y aportar a la vida, poniendo por delante únicamente su apariencia física. Como este ejemplo podría poner muchos más.
No sirve de nada castigarnos por tener unos kilos de más o de menos, más o menos pelo, más o menos bronceado o más o menos “lo que sea”. Deberíamos orientar nuestra mirada hacia el agradecimiento por todo lo que nuestro cuerpo nos permite hacer cada día.
Desde una perspectiva psicológica, esto es especialmente importante porque la forma en la que nos vemos influye directamente en nuestra autoestima, en nuestra seguridad y en la manera en la que nos relacionamos con los demás. Cuando vivimos constantemente intentando alcanzar un modelo imposible, dejamos de valorar quiénes somos realmente.
Las redes sociales muestran solo una pequeña parte de la realidad: los mejores momentos, las mejores fotos y las versiones más cuidadas de cada persona. Sin embargo, detrás de cada imagen también existen inseguridades, cansancio, problemas y complejos que normalmente no se enseñan. El problema aparece cuando olvidamos eso y comenzamos a exigirnos una perfección que ni siquiera existe.
Cada cuerpo cuenta una historia distinta. Hay cuerpos que han pasado por enfermedades, maternidades, cambios emocionales, pérdidas o situaciones difíciles. Por eso, reducir el valor de una persona únicamente a su físico resulta injusto y superficial.
El verano debería ser una época para disfrutar, descansar y sentirnos libres, no un periodo en el que tengamos miedo de mostrarnos tal y como somos. Nadie debería dejar de ir a la playa, ponerse cierta ropa o disfrutar de planes por vergüenza a ser juzgado.
Quizá el verdadero “cuerpo ideal” no sea el más perfecto según la sociedad, sino aquel que cuidamos desde el respeto, la salud y la aceptación. Porque aprender a querernos también forma parte de nuestra salud mental.




